Hace más de cuatro décadas ya era asumido que las diferencias en el nivel de desarrollo entre los países estaban principalmente en función de sus diferencias tecnológicas (Gerschenkron, 1962). Desde entonces, los autores Evolucionistas (e.g. Freeman et al., 1982 y Fagerberg, 1987), y otros académicos pertenecientes a la Nueva Teoría del Crecimiento (Romer, 1990), han desarrollado una gran cantidad de trabajos dirigidos al análisis de las diferencias entre los niveles de desarrollo y crecimiento de los países. Toda esta literatura floreciente a partir de los fundamentos teóricos de Schumpeter (Schumpeter, 1934), tiene un serio gap evidenciado en la distancia que existe entre el trabajo conceptual y el empírico (Edquist, 2005; Fagerberg y Srholec, 2008). Asimismo, hay poca evidencia empírica en este ámbito (Fagerberg y Srholec, 2008: 1417) lo cual justifica, en parte, el presente estudio.